Conall!



Albert Fish, el hombre gris

Hoy he estado escuchando en la radio la historia de este loco, un asesino en serie que vivió a principios del siglo XX. Sus víctimas principalmente eran niños, a los cuales secuestraba, violaba, se comía y no necesariamente por ese orden.

Lo atraparon cuando contaba con 66 años de edad, cuando había secuestrado a una niña y no se le ocurrió nada mejor que mandarle una carta a su madre explicándole con todo detalle como la había asesinado. Te advierto que la carta que voy a poner aquí y que está sacada de la Wikipedia es bastante dura. Yo que soy un aprensivo me ha costado leerlas y si lo comparto es para dar a conocer hasta dónde puede llegar la mente humana.

Querida Sra. Budd

En 1894 un amigo mío se embarcó como ayudante de cubierta en el vapor Tacoma siendo el capitán John Davis. Navegaron de San Francisco a Hong Kong en la China. Al llegar allá el y otros dos marineros desembarcaron y se fueron a emborrachar. Al regresar a puerto, el barco se había ido. En ese tiempo China padecía una hambruna, cualquier tipo de carne costaba de 1 a 3 dólares la libra. Tanto era el sufrimiento de los pobres que los niños menores de 12 años eran vendidos como comida con el propósito de que los demás no murieran de hambre. Un niño o niña menor de 14 años no estaba seguro en las calles. Uno podía ir a una tienda y pedir carne, costillas o bisteces y al mostrador era traída alguna parte desnuda del cuerpo de un niño para que uno eligiera lo que mas deseara. El trasero de niño o niña que es la parte más deliciosa del cuerpo era vendida como un corte fino a un precio alto. John permaneció en aquella tierra por mucho tiempo al grado de tomarle gusto a la carne humana. A su regreso a Nueva York se robó dos niños de 7 y 11 años. Los llevó a su casa donde los desnudo y amarro en un armario. Quemó todo lo que traían puesto. Varias veces durante los días y las noches los apaleo y torturó con el objetivo de que la carne les quedara buena y tierna. El primero en matar fue el niño de 11 años, puesto que tenía el trasero más grande de los dos, es decir tenía la mayor cantidad de carne. Cada parte de su cuerpo fue guisada y comida excepto la cabeza, los huesos y las vísceras. Todo el fue hervido, frito y guisado. El niño pequeño fue el siguiente y pasó por el mismo proceso. Por ese tiempo yo vivía en la 409 y la 100 muy cerca, por la parte derecha. Tan seguido me decía lo buena que era la carne humana que me hice a la idea de que debía probarla también.

El domingo 3 de Junio de 1928 toqué a su puerta en la 406 oeste y la calle 15. Llevaba queso y fresas, tomamos el almuerzo. Grace se sentó en mi regazo y me besó. Me propuse comerla. Bajo el engaño de llevarla a una fiesta le pedí le diera permiso a lo que usted accedió. La conduje a una casa vacía que había elegido con anterioridad en Westchester. Cuando llegamos, le pedí que permaneciera afuera. Mientras ella recogía flores subí las escaleras y me quite todas mis ropas. Sabía que si no lo hacía de ese modo, podría mancharlas de sangre. Cuando todo estuvo listo fui a la ventana y la llamé. Me escondí en el closet hasta que estuvo en el cuarto. Al verme desnudo comenzó a llorar y trató de escapar por las escaleras. La sujeté y ella dijo que le diría su mama. Primero la desnudé ¡cómo pataleó, araño y me mordió! pero la asfixie hasta matarla. Luego la corté en pequeños pedazos para poder llevar la carne a mi lugar. Guise su rico y delicioso trasero. Tardé 9 días en consumir todo su cuerpo. De haber querido hubiera tenido sexo con ella, pero no quise. Murió siendo virgen.

Ya en la cárcel, la madre de otro de los niños desaparecido, del que se sospechaba que Fish podía haber tenido algo que ver, fue  visitarle y esto es lo que le confesó:

Lo llevé a los vertederos de Riker Avenue. Ahí hay una casa que permanece sola, no lejos de donde lo tomé, llevé al chico ahí. Lo despojé, desnudé y até sus manos y pies, lo amordacé con un harapo sucio que recogí en el vertedero. Entonces quemé sus ropas. Arrojé sus zapatos al vertedero. Regresé y tomé el tranvía de la 59 Street a las 2 a.m. y caminé de ahí a casa. Al siguiente día cerca de las 2 p.m., llevé herramientas, un muy buen azote. Casero. Con mango corto. Corté uno de mis cinturones a la mitad, corté esas mitades en seis tiras de cerca de 8 pulgadas de largo. Azoté su trasero descubierto hasta que la sangre corrió en sus piernas. Corté las orejas, la nariz, corte la boca de oreja a oreja. Le saqué los ojos. Estaba muerto entonces.Enterré el cuchillo en su vientre y acerqué mi boca a su cuerpo y bebí su sangre. Recogí cuatro sacos viejos de patatas y reuní una pila de piedras. Entonces lo corté en pedazos. Traje un saco conmigo. Puse su nariz y oreja y unas cuantas rajas del vientre en el saco. Entonces lo corté por el centro del cuerpo. Apenas debajo del ombligo. Después a través de sus piernas aproximadamente 2 pulgadas debajo de su trasero. Puse esto en mi saco con mucho papel, le corté la cabeza, pies, brazos, manos y las piernas debajo de la rodilla. Coloqué todo esto dentro de los sacos pesados con piedras, los até y los arrojé en las fosas de agua fangosa que usted verá a lo largo del camino que va a North Beach. Regresé a casa con mi carne. Tuve el frente de su cuerpo que me gustaba. Su “mono”(pene) y “pee wees”(testículos) y un agradable y gordo trasero, para asar en el horno y comer. Hice un estofado con sus orejas y nariz, pedazos de su cara y el vientre. Puse cebollas, zanahorias, nabos, apio, sal y pimienta. Estaban buenos. Entonces partí su trasero, corté el pene y testículos y los lavé primero. Puse tiras de tocino en cada nalga y las puse en el horno. Entonces escogí 4 cebollas y cuando la carne había asado cerca de 1/4 de hora, vertí un poco de agua para la salsa de la carne y puse las cebollas. A intervalos frecuentes rocié su trasero con una cuchara de madera. Así la carne sería agradable y jugosa. En cerca de 2 horas, estaba agradable y jugosa, cocinada. Nunca comí algún pavo asado que tuviera la mitad del sabor que este dulce gordo y pequeño trasero. Comí cada bocado de carne en cerca de 4 días. Su pequeño “mono” era dulce como la nuez, pero sus “pee wees” no pude masticarlos. Los arrojé al inodoro.

Murió ejecutado en la silla eléctrica, y al contrario de lo que se pueda pensar, no iba apenado por ello, sino que exclamó el voz alta “Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado…”

VISTO EN: http://www.araquebelagua.com

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Comentarios

  1. * Araque says:

    Hola

    A ver, no me molesta que “fusiles” directamente mis post, pero no sería mejor que los escribieses tú mismo? Si te limitas al “copy&paste” no estás creando nada.

    Luego, veo que pones que lo has visto en mi blog, y esto está muy bien, pero mejor estaría si pusieses un enlace, de esta manera nos beneficiamos los dos, yo por recibir un enlace y tú por enlazar, eso google lo tiene muy en cuenta a la hora del posicionamiento. 😉

    un saludo 🙂

    | Responder Publicado 8 years, 1 month ago
    • * jmsolis98 says:

      ok lo entiendo

      | Responder Publicado 8 years ago
  2. * alvaro says:

    illo k ijo de putaa noo ¿? ya no confio mas en nadie joder k ascooo salu2

    | Responder Publicado 8 years ago
  3. * Ezzio_95 says:

    K sicópata, cabrón

    | Responder Publicado 8 years ago
    • * jmsolis98 says:

      Jajaja casi todos decis eso

      | Responder Publicado 8 years ago


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